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jueves, 29 de marzo de 2018

MIGUEL ÁNGEL BUONAROTTI: EL JUICIO FINAL (CAPILLA SIXTINA, 1537-1541)

EL JUCIO FINAL: CAPILLA SIXTINA (TESTERO) (1537-1541)

Se trata de un encargo del papa Clemente VII poco antes de su muerte en 1534, su sucesor Pablo III Farnesio obligó a Miguel Ángel a realizar la obra comprometida. De todo ello salió el mayor fresco del siglo XVI. 



Supone un punto de inflexión en la historia del arte. Vasari ya predijo el impacto de la obra: "Esta pintura sublime", escribió, "debe servir como modelo para nuestro arte. La Divina Providencia lo ha otorgado al mundo para mostrar cuánta inteligencia puede ofrecer a ciertos hombres en la tierra... El ponente más experto tiembla al contemplar estos contornos audaces y estos maravillosos escorzos. En presencia de esta obra celestial, los sentidos quedan paralizados, y uno solo puede maravillarse ante las obras que vinieron antes y las obras que vendrán después".



Imagen de: http://www.epdlp.com/cuadro.php?id=2521

La idea original fue realizar una escena de la Resurrección de Cristo, pero ante los acontecimientos de la Reforma Protestante y la consiguiente Reforma Católica se optó por el tema del Juicio Final.



Para la realización de esta composición se inspiró en los escritos de Isaías, Ezequiel, San Mateo, Savonarola y Dante.

El autorretrato del artista aparece dos veces: en la piel desollada que San Bartolomé lleva en su mano izquierda, y en la figura que en la esquina inferior izquierda está mirando a los que se levantan de sus tumbas, evidencia clara de su amor a la vida y de sus ideales más elevados.



Las figuras son de mayor tamaño conforme se sube en altura, las de la parte baja miden 2 metros, las de la zona media 3 metros y las de la cúspide 4 metros. Introduce retratos de personajes de su época, condenándolos o salvándolos según sus propias simpatías.


Cuando estuvo terminado, en 1541, sufrió la censura por la Reforma Católica, y Daniele da Volterra, discípulo de Miguel Ángel, fue reclamado para cubrir algunos desnudos, razón por la que se le dio el sobrenombre de "Braghettone" (pintacalzones). No terminó el trabajo ya que falleció poco después de iniciar el trabajo. Otros pintores como El Greco participaron en este encargo. Hoy muchos de los desnudos cubiertos durante los siguientes 400 años han quedado al descubierto, aunque se han respetado algunos paños de da Volterra.



ZONA CENTRAL

La primera impresión que tenemos cuando contemplamos el Juicio Final es la de asombro y admiración, se trata de un acontecimiento único en cuyo centro se encuentra la poderosa figura de Cristo, de pie con su mano derecha levantada y rodeado de un cúmulo de cuerpos desordenados que reaccionan de forma diversa ante las decisiones de este Cristo Juez. 



Él es quien decide quién se salva y quién se condena, y obliga a las figuras de su lado izquierdo, que intentan ascender, a descender hacia el demonio Caronte y hacia Minos, el Juez del Inframundo, el dios griego de la muerte; su mano izquierda acoge a los salvos situados a su derecha. A su alrededor se agrupan los santos, como los planetas orbitando alrededor del sol. 



Miguel Ángel no eligió un punto de vista concreto para contemplar el fresco. Cada personaje es único, individual, y se reconoce por sus atributos dándoles una importancia absoluta.

ZONA ALTA



En la luneta izquierda aparecen ángeles portando la Cruz de Cristo y la corona de espinas.



En la luneta derecha otro grupo de ángeles portan la columna en la que Cristo fue flagelado.


ZONA MEDIA

A la izquierda aparece un grupo de santos entre los que destaca la figura imponente de san Juan Bautista. 



Detalle de San Juan Bautista.



En el extremo izquierdo un grupo de mujeres, santas, vírgenes y mártires, junto con las sibilas y heroínas del Antiguo Testamento. 



La figura gigantesca, que parece proteger a una niña que se arrodilla junto a ella, se identifica con Eva.




Bajo la imagen de Cristo, un grupo de ángeles ayudan a los salvos a llegar al cielo.




A la derecha de Cristo el Juez, Miguel Ángel muestra a los santos y mártires entre los que destaca San Pedro, que ofrece dos llaves grandes a Cristo, emblemas del poder de Cristo delegado en la Iglesia, más concretamente en el Papa, para atar o liberar a los hombres del pecado.



En este grupo se encuentra el apóstol y mártir San Bartolomé que sostiene en su mano derecha el cuchillo con el que, según la leyenda, fue desollado vivo; con la izquierda sostiene su propia piel, incluyendo la de la cara que refleja el horror del momento de su martirio. 



Es reconocido generalmente que se trata del retrato del propio artista, y llama la atención que el rostro despellejado no se parezca al rostro del santo que la sostiene; el rostro refleja el terror de Miguel Ángel a la "carne" y al "pecado", pero también a su sed de renovación espiritual y de salvación. San Bartolomé muestra una similitud inconfundible con un famoso contemporáneo de Miguel Ángel, Pietro Aretino, al que el artista sitúa en el lugar de los santos a pesar de las disputas que le enfrentaban con el intelectual italiano. 



En el extremo derecho del fresco, a la izquierda de Cristo, aparece un grupo de elegidos entre los que destaca una enorme figura que sostiene una cruz y que algunos han  identificado con el Cireneo, que ayudó a Cristo camino del Calvario, y otros con Dimas, el buen ladrón. 



Detalle de san Dimas.



Una de las figuras, barbada, se identifica con Moisés o con Adán. Algunos reconocen en él el retrato de Leonardo da Vinci.



Un detalle nos muestra la zona de los santos con dos figuras masculinas besándose, parece que Miguel Ángel quería con ello reivindicar la homosexualidad descartándola como pecado.



Abajo a la derecha San Sebastián, un magnífico ejemplo de desnudo clásico, que agarra en su mano las flechas símbolo de su martirio. 



San Lorenzo portando el símbolo de su martirio, la parrilla.



A la izquierda, santa Catalina de Alejandría se gira hacia san Blas. 



En la imagen original, ambos estaban completamente desnudos, y el gesto de Catalina y san Blas situado justo detrás de ella  escandalizó a los espectadores contemporáneos, razón por la que fue censurado por el Concilio de Trento que mandó picar estas imágenes del fresco y repintarla con los protagonistas vestidos y en distinta pose.



ZONA BAJA



A los pies de Cristo aparece el Arcángel san Miguel con el libro de los salvos rodeado de ángeles tocando las trompetas;


a su son, en la parte más baja del fresco, varias figuras se levantan de sus tumbas tal y como narra la visión del profeta Ezequiel. 




Los esqueletos desnudos se van cubriendo de carne renovada, cuerpos muertos durante un largo período de tiempo salen de la tierra. 



Para la representación del Infierno, lugar de la condenación eterna, Miguel Ángel se inspiró claramente en las líneas de la Divina Comedia de Dante:



Caronte el demonio, con ojos de carbón encendido  
Haciéndoles señas, los recoge a todos,  
Golpea con su remo a quienquiera que se demore.



El juicio que se les imputa es representado por la figura del detalle que parece estar sufriendo un tormento interior, similar al del propio artista: 



desesperación, remordimiento y miedo a la aniquilación física y espiritual.





Según Vasari, el artista dio a Minos, Juez del inframundo, la apariencia del Maestro de Ceremonias del Papa, Biagio da Cesena, que se quejaba constantemente al papa por la representación de cuerpos desnudos en la capilla. 



Biagio declaró públicamente que "era un acto muy deshonesto haber pintado tantas figuras desnudas en un lugar tan respetable que revelaban inmodestamente sus partes vergonzosas, que no era un trabajo para una capilla papal sino para una casa de baños o una casa de mala fama". Miguel Ángel se vengó de Biagio al agregar su retrato a los condenados; bajo la imagen de un Minos, impasible y depravado, "con una enorme serpiente enrollada en sus piernas, en medio de una multitud de demonios".



La restauración del fresco mostró un detalle censurado en el siglo XVI que enfadó notablemente a da Cesena en su momento.

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