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viernes, 10 de julio de 2009

ARTE HISPANO-MUSULMÁN: REINOS DE TAIFAS (s. XI)

A partir de finales del siglo X, se inicia un proceso de declive dentro del Califato, exceptuando el periodo de dominio de Almanzor. Pero a la muerte de éste en el 1002 se inicia un proceso que termina con el sistema califal y la llegada de los reinos de Taifas en 1031.

El territorio hispano-musulmán se divide en numerosos reinos independientes, uno en cada antigua provincia del Califato.

Al tiempo que surgen se inicia la Reconquista por parte de los cristianos, que alcanzan casi la mitad de la Península, a mediados del siglo XI se llega a Toledo.

Muchos de éstos reinos se mantienen porque los cristianos se lo permiten a cambio del pago de un impuesto, las Parias. Su estabilidad depende de su amistad con los recién nacidos reinos hispánicos. Al mismo tiempo se producen fricciones entre los diferentes reinos taifas, cuyos monarcas se creen herederos del Califa de Córdoba y rivalizan en dar lustre a sus construcciones.

Se desarrolla la arquitectura civil y militar, pero nos ha llegado poco ya que utilizan materiales muy pobres que revisten y sobredecoran de forma barroquizante usando materiales como la purpurina para simular el oro. Por esta razón las construcciones, que eran endebles, duraron poco tiempo.

Al ver el impulso que va tomando la Reconquista, y por miedo a ser expulsados de la Península, piden ayuda a los Almoravides, que se encuentran en el Norte de África, éstos acuden y de paso se apoderan del territorio acabando con los Reinos Taifas, al tiempo que destruían la mayor parte de las construcciones no religiosas, ya que se trataba de pueblos con gran fanatismo religioso.

De ésta época nos ha llegado:

Palacio de la Alfajería” (Zaragoza), La construcción del palacio —en su mayor parte realizada entre 1065 y 1081— fue ordenada por Abú Ya'far Ahmad ibn Sulaymán al-Muqtadir Billah, conocido por su título honorífico de Al-Muqtadir, (El poderoso), segundo monarca de la dinastía de los Banu Hud, como símbolo del poder alcanzado por la Taifa de Zaragoza en la segunda mitad del siglo XI.


Se generaliza el arco lobulado frente al de herradura, se recargan los capiteles. Realizan también arcos mixtilíneos, entrecruzados y enmarcan un arco en otro.


Destaca "La Torre del Trovador" La torre mantiene vestigios del arranque de los gruesos muros de aparejo de sillería de alabastro en su parte inferior, y continuaba con otros de encofrado de hormigón simple de yeso y cal, algo más delgados al ganar en altura. El exterior no refleja la división en cinco pisos interna y aparece como un enorme prisma macizo apenas roto por vanos en aspillera. El ingreso al interior se efectuaba a través de una pequeña puerta en altura a la que solo se podría acceder mediante una escala portátil. Su función inicial, era, por todos estos indicios, eminentemente militar.


Del palacio lo mejor conservado es el “Salón Dorado”. En el testero norte se edifica el conjunto más importante de dependencias del palacio de época hudí, pues incluye el Salón del Trono o Salón Dorado y la pequeña mezquita privada, situada en el costado oriental del pórtico de acceso que sirve de antesala al oratorio.


El oratorio o mezquita del palacio está perfectamente conservado. Destaca el mirab con su bóveda de cascos.


También destaca el "Patio de Santa Isabel"


Alcazaba de Málaga”, modelo para construcciones defensivas posteriores de Almoravides y Almohades.



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